
SOCIEDAD
ESPAÑOLA E INTERNACIONAL DE TANATOLOGÍA
REVISTA TÁNATO'S Nº 0
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• Editorial • Aproximación a la muerte en Canarias a principio del S. XX
Revisión Tesis doctorales españolas sobre la muerte y el morir •
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Citas y sentencias para meditar • El libro del mes
Ha nacido la Sociedad Española de Tanatología y aunque parece su fin primordial el estudio de todo lo relacionado con la muerte y el morir, realmente su objeto es el estudio de la vida, de la sabiduría, de esa descripción de la experiencia primordial de la que hablan hombres y mujeres de casi todas las culturas. Donde el saber es un saber vivo; y no sobre la vida, sino sobre la experiencia plena de la vida.
No es posible vivir sin sabiduría, por ello la andadura que hoy comenzamos de mano de la Sociedad Española de Tanatología pretende ser una invitación a la sabiduría, que nos permita gozar del sentido profundo de la vida.
Se nos invita desde la Sociedad a Vivir una experiencia en la que aún no se ha escindido conocimiento y amor, alma y cuerpo, espíritu y materia, tiempo y eternidad, lo divino y lo humano, lo masculino y lo femenino, lo efímero y lo eterno,...; vivir la armonía en todas las polaridades de la existencia.
Meditaremos sobre nuestra verdadera identidad, de modo que creemos un lenguaje que no sea exclusivo, pero que sea a la vez concreto, inteligible y profundo, que respete las diferentes tradiciones, y que se encuentra en el ámbito de la condición humana originaria tal como lo vemos hoy en gran parte de la humanidad.
Os damos la bienvenida a la SET, a través del órgano de difusión de la misma Tán@to's.
Alfonso Miguel García Hernández
APROXIMACIÓN A LA MUERTE EN CANARIAS A PRINCIPIO DEL SIGLO XX.
Alfonso Miguel García Hernández
La Sección de Ciencias Morales y Políticas del Ateneo de Madrid en 1901, realizó una encuesta coordinada para Canarias por el doctor Juan Bethencourt Alfonso en el campo de las costumbres populares y en los tres momentos más importantes del ciclo vital del individuo: el nacimiento, el matrimonio y la muerte. Se distribuyó en quince regiones que incluían Canarias y Baleares. Variando la cantidad y calidad del contenido de las respuestas según el corresponsal. Las papeletas una vez clasificadas incluían según el antropólogo Lisón Tolosana, unas 3.500 papeletas sobre el nacimiento, unas 20.000 sobre el matrimonio y unas 15.000 sobre la muerte y el entierro. El material original guardado por el Ateneo, desapareció, si bien se conservaron gran parte de las papeletas copiadas (18.661), que se encuentran en el Museo Etnológico de Madrid (4.273 sobre el nacimiento, 9.076 sobre el matrimonio y 5.312 sobre la muerte). En las papeletas correspondientes a Canarias se recogen las respuestas al cuestionario realizadas por multitud de personas de las diferentes islas.
Admitimos la enorme dificultad de establecer a partir de la información disponible un análisis complejo de los contenidos, funciones, sentido y simbolizaciones de los ritos de paso.
PRESAGIOS DE DESGRACIAS, LA MUERTE Y SU ESTRUCTURA LÓGICA.
Los presagios de muerte, que nos encontramos en Canarias, coinciden bastante con los de Andalucía o el resto de la Península, tal como observa Fariña en las notas al trabajo de Bethencourt.
La muerte de un ser humano supone la aparición del caos de la sociedad y de la naturaleza: una gallina que canta como un gallo, un gallo que pone un huevo (La Laguna y Tacoronte en Tenerife, Ampuyenta en Fuerteventura) o cuando se rompe un espejo, sin causa aparente es señal segura de que sucederá alguna desgracia en la familia. En el último caso, se deberá en el acto tirar un puñado de sal a la calle, para espantar dicha desgracia. La sal, sin duda, está asociada a la vida (Santa Cruz, Tenerife).
Los animales, tanto terrestres como marinos, pero especialmente las aves, constituyen el referente simbólico más utilizado, sobre todo en su asociación con el canto lastimero, no común o usual a ellos. En algunos casos, el fenómeno goza de una reduplicación simbólica, pues estas aves o insectos son negros, símbolos de luto. Así, si se posa en casa un tapagado, cuando los cuervos pasan, una bandada de ellos se posan por donde está un enfermo, o andan cerca de una casa, adivinan muerte (Candelaria, Tacoronte y Güimar en Tenerife); cuando se oye cantar a un peroluis o una coruja es señal de que muere algún individuo que está enfermo o que alguien enfermará, si están malos (Candelaria en Tenerife y Fuerteventura); cuando el alcairón está triste y como encapotado se barrunta desgracia (Güimar, Tenerife). Lo mismo sucede si un murciélago, asociado a la noche y profiriendo sonidos agudos, o un abejón de culo negro entra en una casa; una garza que pasa por encima de una casa dando graznidos es señal de que habrá desgracia; un milano que canta triste; o un papagayo, ave marina, nocturna, negra y del tamaño de una andoriña, de voz robusta y de canto extraño, si canta y pasa por la casa de un enfermo, es señal de que morirá (El Hierro). Cuando el cadáver está en la casa mortuoria, con acompañamiento de noche, si se llega a ver mudo, lo cual es raro, el ave nocturna que llaman tajos (que es un poco mayor que una paloma) es señal de que el alma del muerto no va por buen camino, es decir, que va al infierno (El Hierro).
La lógica de los símbolos de la muerte privilegia el mundo natural animal. Cuando muere el dueño de un enjambre, las abejas participan del luto de la familia, colocándole a la colmena un lazo de tela negra, o en su defecto, volviendo la colmena, lo de arriba para abajo o mudándola de sitio, porque de lo contrario mueren los enjambres (El Sauzal y Güimar en Tenerife).
Los animales domésticos, especialmente el perro y el gato, están estrechamente asociados a la desgracia y la mala suerte. El perro que llora, donde hay un enfermo grave, es que está muriendo. Los gatos negros son un mal presagio porque son la imagen del enemigo, el diablo (Candelaria, Tenerife).
En Antigua (Fuerteventura) decían que se aparecía una luz, que con una velocidad increíble iba desde las costas a los pueblos, de éstas a los riscos, y que ha perseguido a muchos pastores.
Las almas en pena se distinguen de las almas arrimadas como indica Bethencourt, en Lanzarote (Haría, Guatiza, Teguise), Tenerife (Los Realejos, Icod) y Gran Canaria:
Se dice de una persona cuando el espíritu de un individuo que haya muerto, vive constantemente o periódicamente en comunicación con ella, y que se le arrima por lo regular con objeto de pedirle perdón por algún daño que le hizo en la tierra. Para que desaparezca el alma y vuelva al cielo, es bastante que el interesado realice lo que aquella le pida, tal como decir misas, cumplir promesas, etc., y si con que le diga yo te perdono para aquí y para delante de Dios (Bethencourt 1985: 283).
Las almas arrimadas podían aullar como un gato, o ponerse sobre los hombros y chillar. Se creía saber si tenía el alma arrimada por las condiciones de la orina al enfriarse, por el pulso doble de la persona, por la ropa que llevaba el cadáver al ser enterrado. Por la isla de Tenerife circulaba impresa una oración para desarrimar el ánima, si bien algunos arrimeros usaban la propia.
En el Sauzal (Tenerife) cuando ponían el pan al horno hacían una cruz con la pala en la boca del mismo, y decían: Dios te acreciente, pan en el horno; y las almas benditas salgan del purgatorio (Bethencourt 1985: 291). Y cuando uno busca una cosa que se ha perdido y no la encuentra, dice: El alma de Don Jacinto me repare, apareciendo enseguida (Los Realejos, Tenerife).
Los lunes, miércoles y viernes eran de las ánimas, y era cuando más se manifestaban en las aguas (orines). El sábado era de la Virgen; y el domingo, como están las ánimas en misa, eran los días en que no podían combatirse. El martes y jueves tampoco (Icod, Tenerife). La noche de finados también estaban sueltas las ánimas. Si en vida han enterrado dinero, las almas penan hasta que no se saque.
Los duendes, por el contrario, son los niños que mueren sin bautizar y son enterrados fuera de lo sagrado. Se creía que toda persona que pudiera trincar a uno de los duendes segadores se hacía rico (San Juan de la Rambla, Tenerife). Los duendes acostumbraban a quitar cosas de su sitio (algodón, dedales, tijeras, etc.), llorar, hacer ruidos. Los duendes, aunque no se ven, cuando llegue el fin del mundo se van a una oscuridad muy profunda, por eternidades.
Santa Ana, Santiago y algún otro santo eran considerados encantadores. Consistiendo el encantamiento en que si uno trabajaba en el día de estos santos, aquel santo abría de repente la tierra y se tragaba al trabajador, el cual seguía sin darse cuenta abajando por toda la eternidad. Si trillaba, desaparecía la era y todo. Los de aquí sabían que estaban encantados, ellos no. Si alguno sabía de positivo que fulano estaba encantado, para desencantarlo, avisaba al cura y este el día de San Juan antes de salir el sol, había de decir una misa en un altar que levantara en el mismo sitio donde había tenido lugar el encantamiento. Y quedaban desencantados. Entonces es cuando los encantados conocían que lo habían estado (El Hierro).
Juan Bethencourt Alfonso, quien distribuyó y envió al Ateneo las encuestas, contó entre otros con la inestimable ayuda de Cipriano Arribas (1900) en Tenerife y de Ramón Castañeyra en Fuerteventura. Las respuestas que fueron amplias e importantes sobre todo en lo que respecta al mal de ojo y las brujas, pueden considerarse incluso como un pequeño tratado en la materia. En las islas destaca por su número y cantidad de informantes la de Tenerife, especialmente en la zona de Chasna, al sur de la misma y patria chica de Bethencourt Alfonso, quedando las restantes por el siguiente orden: Lanzarote, Santa Cruz de la Palma, Fuerteventura, El Hierro, La Gomera y Gran Canaria. Se han conservado un total de 190 respuestas distribuidas del siguiente modo: 54 sobre el nacimiento, 91 sobre el matrimonio y 45 sobre la muerte.
El etnógrafo Manuel Fariña González publicó una edición crítica del cuestionario, aumentado con las respuestas que no fueron enviadas en 1900 desde Canarias o que se perdieron en Madrid, y que han sido rescatas entre los documentos del doctor Bethencourt Alfonso. Muchas de estas papeletas, totalmente inéditas y recogidas a través de otro cuestionario que nuestro autor había confeccionado y cumplimentado desde 1884.
Del archivo privado del doctor Bethencourt Alfonso se recuperaron 493 respuestas (175 del nacimiento, 136 del matrimonio y 182 de la muerte), que a menudo superan en algunos capítulos a las enviadas inicialmente al Ateneo en 1900, destacando entre ellas las relativas al culto de los muertos, prevenciones sobre la muerte, la defunción y el entierro, con poca incidencia en el tema de los cementerios.
Para el análisis de las clases dominantes se dispone de la obra de Manuel Hernández (1985) "La Muerte en Canarias en el Siglo XVIII".
CULTO A LOS MUERTOS: ALMAS EN PENA, ARRIMADAS, ENCANTAMIENTOS Y DUENDES.
En este proceso de recuperación de sí misma, la creencia en los aparecidos constituía una constante en todas las islas. Tenía una función simple, desde mantener al individuo y al grupo articulado con los muertos de la comunidad, de la familia, hasta desarrollar un orden moral y ético entre los vivos (no quemar cruces, cumplir obligaciones, castigar la avaricia, cumplimentar daños no reparados, etc.).
Las apariciones estaban asociadas a almas en pena. En algunos casos, por haber utilizado como combustible los brazos de una cruz, situada en un camino, donde se conmemoraba la muerte de alguien (Lanzarote, el Hierro) mostrándose en la noche bajo forma de un hacho encendido, luces azules, etc. En el Escobonal (Tenerife) para saber si eran almas en pena se decía:
Si eres alma de otro mundo y te paras,
te rezo un padrenuestro y un avemaría.
Según la creencia, si era, se paraba. Así se reza o se le acaba de ofrecer, vuelve a caminar. En cuanto un alma del otro mundo viene es que no está en el infierno (Bethencourt 1985: 280).
CEREMONIAS FÚNEBRES DE RITUALIZACIÓN DE LA PÉRDIDA: RITUALES FESTIVOS.
Al cadáver lo bajaban de la cama, pues afirmaban que estaba penando (El Sauzal, Tenerife) y, de este modo el alma encuentra más fácilmente el camino de la mansión de los muertos (Van Gennep, 1986: 163).
En el acto mismo quitaban del basar la loza y la ponían dentro de una cesta, hasta que salían a la misa, porque si la dejaban en el basar, viene el espíritu a trafegar y hacer ruido en la loza (Bethencourt 1985: 259).Se colocaba el cadáver con los pies hacia delante para ver el alma no encontrarse el camino de vuelta. En La Palma:
El cadáver era amortajado o por las personas íntimas del finado o por alguna persona que se preste a ello. Las mujeres se colocaban ropas negras. No existía una mortaja especial. El cadáver era colocado sobre una mesa cubierta con paño negro, con los pies hacia la puerta, poniendo ordinariamente la mesa en el centro de la habitación. Alrededor de la mesa ardían 4, 6 u 8 cirios (Bethencourt 1985: 259).
Se le vestía con las mejores ropas, se le colocaba a la cabecera un crucifijo, y el número de luces variaba según la posición social de la familia, los estatutos de la hermandad o cofradía a la que pertenecía el difunto. A los que morían en el Hierro, se les acostumbraba a lavar los pies, manos y cara. A los niños y niñas, solteros y solteras, de cualquier edad, si eran vírgenes, les ponían las manos enlazadas sobre el pecho con un ramo de flores. Si no lo eran, se los colocaban como a los casados, con los brazos tendidos sobre el pecho, dispuestos paralelamente. Los padres y demás familia no abandonaban la habitación mortuoria hasta que el cadáver era conducido al cementerio. Tanto padres como familia acostumbraban a manifestar gritos entre llantos las virtudes y generosidad del muerto, su valor, la protección que dispensaba (Bethencourt 1985: 260).
En Lanzarote, quizá por haber recibido una fuerte influencia de la cultura musulmana, los doloridos en algunos caseríos tenían la costumbre de sentarse sobre una estera en un rincón para recibir las visitas del duelo. En Fuerteventura, incluso se sentaban donde estaba la cama del enfermo y allí lloraban en voz alta, las virtudes del muerto. Se tumbaban los bancos, se entornaban puertas y ventanas, se encendían las luces, se volvían las láminas o cuadros y se quitaban las flores.
En Alojera (La Gomera), medían al difunto con un cordón y según fuera de largo, cortaban el hilo y hacían tantos nudos como hijos y nietos tuvieran. Cada nudo era un padrenuestro, y cogiendo uno de aquellos nudos y situándose alrededor del difunto se dedicaban a rezar. Existían plañideras en los duelos.
En Taganana (Tenerife), se acostumbraba después de la muerte de un familiar a no encalar la casa. Se trasladaban a un lugar lejano todos los utensilios, que se volvían impuros (colchones, sábanas, etc.) quemándolos. Se purificaba la casa.
Hasta finales del Siglo XIX era costumbre celebrar la muerte de un niño, comiendo, bebiendo y bailando (Tenerife, Lanzarote), puesto que los niños no agregados a la sociedad, iban al limbo, donde permanecía durante un periodo marginal, diciendo fin, fin, porque para salvarse necesitaban que llegara el fin del mundo (La Gomera). Si un niño moría antes de cumplir el año, los gastos del entierro eran por cuenta del padrino (Yaiza, Lanzarote).
En Valle Gran Rey (La Gomera) se celebraba a puerta cerrada el denominado baile de los muertos con ocasión del fallecimiento de los niños. Amortajado este y colocado sobre una mesa en la habitación más espaciosa de la casa, se reunían padres, padrinos, familiares y vecinos celebrando con aguardiente y vino la muerte del niño. Al son del tambor, las chácaras o castañuelas y la flauta se bailaba el tajaraste, llevando el padrino en los brazos el cadáver del ahijado, entregándoselo a la madrina después de un par de vueltas por la sala para que hiciera lo mismo. Seguidamente depositaban al niño sobre la mesa y daban comienzo a una juerga que duraba varias horas. Terminado el baile, comenzaban los recados que consistían en que cada presente se acercaba al cadáver prendiéndole con alfileres a las ropas alguna flor o bien un trocito de cinta, a la vez que mandaban recados a las personas queridas que habían muerto y moran en el cielo, o solicitaban mediarse ante Dios para que la cosecha fuera buena, se recobrase la salud, etc. (Bethencourt 1987:261).
Unas papeletas, el toque de un bucio o caracol o corriendo la voz, servían de medios para avisar a los vecinos de la muerte de alguna persona del pueblo.
Los cadáveres eran conducidos en caja tapada hasta el cementerio, excepto los niños, que iban destapados y adornados con flores. Unos muertos eran portados atravesados en un camello. En las villas y ciudades el acompañamiento se formaba en dos filas al extremo de las cuales y en el centro iba el duelo al que precedía el féretro y a este, el clero. En las isla del Hierro, llevaban desde los campos a la villa de Valverde, los ataúdes, parando en ciertos puntos para descansar, llamados goronas de los difuntos. Según costumbre, en el punto denominado las Crucitas, a mitad de camino entre Papagayo y Femés (Lanzarote), tenían costumbre de no sólo descansar, sino de también colocar una cruz por cada cadáver que conducían por allí. Cuando los fallecidos no tenían con que pagar el ataúd, se utilizaba uno llamado ataúd del común.
En el cortejo no podían figurar niños ni niñas; las mujeres gritaban, los hombres en silencio.
En Taganana (Tenerife), a la vuelta del entierro, era tradición que los acompañantes, menos los doloridos o familiares íntimos, se quedaran en la taberna bebiendo algunos vasos de vino.
Después del entierro, el acompañamiento se dirigía a la casa mortuoria donde se despedía el duelo, tras rezar juntos un padrenuestro y un avemaría. Los cementerios desde finales del Siglo XIX están ubicados en las degolladas, fuera del pueblo, en lugares con vistas maravillosas, en una colina; suelen tener una ermita u hornacina para el último responso: A los niños que no están bautizados, a los que viven juntos sin estar casados, a los que viven con la comadre o con la ahijada, se les entierra en la chercha.
El domingo siguiente por lo regular, se celebra la misa de difunto. Para esto, todos se dirigían a la casa mortuoria, y acompañando a los doloridos se encaminaban juntos a la iglesia. Concluida la ceremonia religiosa, nuevamente se dirigía el acompañamiento con la familia del difunto a la casa mortuoria, rezando otro padrenuestro y otro avemaría. Terminado esto, pedían de favor una oración por el alma de algún deudo. Se ponía la mesa y todos los presentes comían, estando permitido alegría y buen humor.
Los doloridos durante los días cercanos a la muerte hasta el funeral eran atendidos por familiares y vecinos, llevándole la comida diariamente. En el Valle de Agaete y los Altos de Galdar (Gran Canaria) la costumbre tenía más importancia si cabe, pues la muerte era el primer eslabón que desencadenaba toda la cadena de dones y contradones de alimentos, granos, azúcar, café, tela negra e incluso más recientemente de dinero. Todos los vecinos daban dones al cónyuge del difunto, a su madre y hermanos. Estos debían devolvérselo en ocasión de otra muerte, una enfermedad, un nacimiento o la boda de una hija. La solidaridad vecinal se reforzaba en estos momentos, especialmente en las capas sociales menos favorecidas de la comunidad campesina.
A menudo, las representaciones festivas son dramatizaciones que se supone tienen lugar en el centro del universo y en el tiempo originario. En muchas fiestas canarias la complicada preparación ritual tiene la intención de inducir a una identificación entre vecinos y antepasados.
La fiesta canaria implica, mediante y a través de la ritualización del espacio y el tiempo en muchas ocasiones, la unción de la comunidad de vivos y muertos. De este modo, las fiestas son los tiempos en que se organizan las actividades agrícolas y en que se piensa el tiempo social, pues son ocasiones en que se dramatiza la cohesión hacia dentro y hacia fuera de los pueblos y comarcas de las islas. Tiempo en que se establece el reencuentro de los emigrantes y aún con la muerte. De igual modo que el herreño categoriza el tiempo por las bajadas cuadrienales o el palmero por las quinquenales, para muchos canarios llegar a la próxima festividad del patrón, o las próximas Navidades, significa un año más de vida.
"Es infalible que el día de San Lorenzo ha de morir en el Hierro una mujer, y esta se irá al cielo. Lo mismo que la víspera del día de la Candelaria morirá un varón, que también irá al cielo" (Bethencourt 1985: 250).
En el Hierro, durante la fiesta de la Cruz, se adornan las hornacinas con varias cruces de los antepasados, aún las de las casas abandonadas o de los emigrantes a Venezuela. Las múltiples cruces son colocadas a la entrada de la casa, en el frontis o en un costado de la misma, o como podemos todavía ver en nuestros días, junto a la cancela.
"El día de la Cruz se la adornaba y al entrar o salir se le ponía al pie de ellas o en sus brazos una piedra blanca y se rezaba un padrenuestro. En ellas hay inscritas al nombre del difunto y fecha de su muerte. En una casa que había cambiado de dueño, a pesar de no ser de los suyos el que la habitaba, las respetaba y también las adornaba. Y aún si había alguna casa deshabitada, por compasión también se la adornaba. Las cruces se consideran como si fueran de la casa. Sólo se les ponía a los adultos casados: padres, abuelos, nunca a los niños. Aveces si una madre moría y dejaba hijos pequeños se le ponía una cruz grande y en los brazos varias chiquitas. Se respetaba la cruz como si fuera la misma persona" (Galván Tudela 1977: 51).
A menudo, al final de cada fiesta, la gente se despedía con un "que nos veamos el próximo año", como para de algún modo exorcizar las desgracias, la muerte. En este sentido, durante la fiesta de San Juan en el Hierro se saltaban las hogueras con o sin lanzas diciendo:
"Salto por el alma de mis difuntos para que el señor las saque de penas;
salto por mi vaca, salto por mis higueras" (Bethencourt 1985: 164).
Para San Juan, asociado también con premoniciones y adivinanzas, se nos indicaba que si se exponía al sereno una palangana de agua, y el día de San Juan no ve su imagen en el fondo, es señal de que morirá en el año. Lo mismo sucederá si se alonga al pozo y al aljibe y no ve traslucir su rostro. En toda Canarias también se creía que según la forma que tomara un huevo fresco después de ser colocado dentro del lebrillo al sereno se pronostica si se ha de morir, viajar en el año o casarse con un marino. Y así decían:
"Padre mío San Juan,
santo antes de haber nacido,
si he de embarcar este año
fómame aquí un navío"
Los vecinos del Valle de Agaete (Gran Canaria) afirman que "San Pedro siempre se lleva a alguien". En Tejina (Tenerife), si bien los corazones y sus ramos se colocan en la plaza, en el centro del mundo de los vivos, no es menos cierto que todos los vecinos hacen participar, a su modo, a la comunidad de los muertos. En esos días, a pesar de la existencia de un día al año especialmente dedicado a ellos, las visitas al cementerio portando ramos de flores son continuas. Los Corazones articulan así la vida y la muerte, pues más que un número en una fiesta es la expresión de la identidad profunda de una comunidad (Galván Tudela, 1987).
El día de finados, el 2 de noviembre, en la Victoria (Tenerife) llevan pequeños jarros de agua bendita a las casas, no sólo para beber algún buche sino para regar las habitaciones, para que el enemigo no entre (Bethencourt 1985: 276). Por otra parte, en ese día se encendían luces sobre los sepulcros, tantas como cuantos eran los seres queridos muertos, y además ponían trigo, carneros vivos, garrafones de vino, cestas de pan, rosquetes, etc. El cura recogía las ofrendas a medida que cantaba los responsos (Sur de Tenerife, Fuerteventura). Posteriormente, los curas se dedicaron sólo a salir por el pueblo bendiciendo con agua bendita y recogiendo todo lo que les dieran. A finales del Siglo XIX en casi todos los pueblos canarios se habían construido los cementerios. Madres e hijas visitaban y adornaban las tumbas. Se produce así la socialización de las adolescentes por las madres. La limpieza del hogar se traslada a los nichos (Brandes, 1989).
Era costumbre encender en las casas, tantas luces como individuos o personas queridas se han muerto, durante la noche de finados. Para esto se ponía dentro de una bandeja con aceite el número de mariposas o mechas por finado. Algunas personas decían saber el estado de las almas de los muertos por las particularidades que ofrecen las luces: las que se apagan indican que el alma está en la gloria, las luces tristes y moribundas que están en el purgatorio, las muy encendidas piden muchas oraciones y las que estallan es que están en el infierno.
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VAN GENNEP, A. (1960) Les rites of Passage (los ritos de la transición). Chicago: University of Chicago Press.
APROXIMACIÓN A UNA REVISIÓN DE TESIS DOCTORALES ESPAÑOLAS (COMENTADAS POR AUTORES)
EN TORNO A LA MUERTE Y EL MORIR.
ALEMAN ILLAN, A. (1992) Actitudes colectivas ate la muerte en Murcia durante el Siglo XVIII. Tesis doctoral. Facultad de Letras. Universidad de Murcia.
El objeto de estudio es la dicotomía de actitudes, socialmente masivas de los Murcianos ante la muerte durante la ilustración. Hemos procedido mediante dos tipos de sondeos en la documentación notarial (testamentos, poderes para testar y codicilos). El uno por años - testigo y el otro en función de la estructura social del momento. Así pretendemos vertebrar el estudio en el movimiento de fondo del tema y al mismo tiempo efectuamos una sociología diferencial de las actitudes ante la muerte a lo largo de los cien años estudiados. Todo ello, echando mano de la interdisciplinariedad: confluencia de historia, sociología y antropología cultural.
BARREIRO GUEMES, C. (1978) Significado y función de la muerte en la cultura azteca. Tesis doctoral. Facultad de Filosofía y letras. Universidad Complutense de Madrid.
La tesis encierra aquellas yuntas en que la muerte interviene en el mundo azteca y el ritual fundamental que el mismo seguía para encontrarse con su eternidad. Se pretende encontrar como la muerte en el punto de unidad en el pensamiento azteca ya que ella relaciona al hombre con el mundo físico y el mundo espiritual. El azteca en la muerte el único camino para conseguir la perennidad la eternidad lograda al liberarse de la materia que lo limita. Se analiza el campo de la cronología y cromogonía el calendario y el panteón azteca y su relación con la muerte así mismo se estudia el concepto del Más allá y las diferentes moradas de las muertes y el ritual para alcanzarlas.
BELMONTE HENARES, A. (1994) Muerte, esquela y sociedad. Tesis doctoral. Ciencias de la información. Universidad Complutense de Madrid.
La muerte, suceso social y fundamento de relacionalidad de los procesos e individuo, vehículo en el desarrollo histórico de la dialéctica entre sujeto y sociedad, como base del campo operativo, de producción y sentido.- La muerte como valorable junto al desarrollo histórico de la vida, conformando la magnitud, relevancia y actualidad de los hechos sociales. También contrapuesta con la imagen y situación del presente en una visibilidad cada vez mayor de lo contrario. Negación, ruptura, antítesis social practica situación de partida que sirve para verificar a través del recorrido histórico si ese presente puede corresponderse con una ultima modelación vinculada estrechamente a los procesos bien a su acepción de continuidad, bien en lo que resulte dislocación.- Ello desarrollado específicamente en torno a la especial configuración y significación social con que los media dota hoy la realidad, y concretándose en el tratamiento informativo de los mismos sobre la muerte y mas específicamente de las esquelas funerarias de prensa.
ENTRENA RUIZ OGARRIO, J. J. (1994) Valoración de las actitudes del personal sanitario de Vizcaya ante la muerte, la enfermedad terminal y la eutanasia. Tesis doctoral. Facultad de Medicina. Universidad de Valladolid.
Con el presente trabajo pretendemos conocer algunas opiniones y actitudes del personal sanitario de la provincia Vizcaya sobre la muerte, el enfermo terminal y la eutanasia, intentando descubrir si se encuentran influidas por diferentes variables y en que grado. El trabajo se ha realizado mediante envío por correo de un cuestionario a toda la población objeto de dicho estudio siendo respondido por una muestra representativa de la población encuestada. Se recogen los resultados globales y aquellos cruces entre variables que son estadísticamente significativos y más relevantes. Entre las conclusiones obtenidas destacan: los factores que más influyen en las opiniones y actitudes ante la muerte, el enfermo terminal, la terapia del dolor; la relación entre religiosidad y la muerte, y la desfavorable opinión de la gran mayoría de los encuestados a la práctica de la eutanasia activa.
GOMEZ BELLARD, F. (1988) Antropología médica en Ibiza. Tesis Doctoral. Facultad de Medicina. Universidad Complutense de Madrid.
Se estudian la salud la enfermedad la curación y la muerte en poblaciones de Ibiza desde la prehistoria hasta la actualidad aplicando para ello las modernas técnicas de la antropología medica la paleopatología el análisis de cremaciones, etc.
GONZALEZ LOPEZ DE LEMUS, M. (1985) Cuestiones en torno a la muerte y Resurrección de San Ambrosio. Tesis Doctoral. Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.
Este trabajo procura aunar la doctrina de San Ambrosio de Milán sobre algunas cuestiones de escatología. Comienza con el estudio de la muerte del hombre y la triple acepción utilizada por el obispo de Milán. A este estudio sigue la explicación cristocéntrica de la doctrina ambrosiana: la muerte de Cristo como modelo de la muerte del cristiano. Por ultimo se desarrollan dos grandes temas de la escatología: la escatología intermedia con la explicación de la retribución de un premio o castigo a las almas separadas y la resurrección de la carne como fin de la escatología y restablecimiento definitivo del reinado de Cristo.
GONZALEZ GALLEGOS, J. (1987) El espacio de la muerte. Tesis doctoral. Escuela Técnica superior de Arquitectura de Madrid.
La tesis consiste en una reflexión sobre la arquitectura funeraria a partir de las reflexiones proyectuales personales así como una justificación a partir de análisis históricos.
MARTINEZ HERNANDEZ, J. (1992) Muerte e individuo en el pensamiento contemporáneo (Schopenhauer, Unamuno y Heidegger). Tesis doctoral. Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación. Universidad de Murcia.
Se trata de un estudio sobre los orígenes filosóficos de la experiencia contemporánea de la muerte, dicha experiencia es calificada como experiencia trágica de la muerte, que surge como consecuencia de la crisis de las grandes mediaciones tradicionales entre individuo y muerte en occidente: idea cristiana de salvación, idea de reconciliación, progreso o revolución. Esta experiencia trágica es analizada en tres itinerarios diferentes, en tres de sus variaciones, utilizando para ello las obras de Schopenhauer, Unamuno y Heidegger. Al mismo tiempo, se afirma que la experiencia trágica de la muerte tiene dos direcciones, una es la que representan los autores ya señalados y otra es la que representan Nietzsche, Camus y Sartre, que son utilizados como contrapunto de los primeros.
En la primera dirección destacan como caracteres principales la hegemonía de la muerte y el antihumanismo, mientras que en la segunda destaca un humanismo
MORENO VAZQUEZ, J. M. (1985) Electroneurofisiología del Síndrome de muerte cerebral. Nuevas aportaciones conceptuales y diagnóstica. Tesis doctoral. Facultad de Medicina. Universidad de Extremadura.
Se realiza un estudio del Síndrome de muerte cerebral en una serie de 43 pacientes portadores de dicho síndrome. Simultáneamente se realiza una revisión completa de la bibliografía y un estudio comparativo de las legislaciones de una serie de países sobe los criterios de muerte cerebral. Se aporta la experiencia personal en el estudio de dicho síndrome con técnicas neurofisiológicas (E.E.G. y P.E.S. corticales). A la luz de dicho análisis de la experiencia clínica acumulada en el curso de los últimos años y de nuestra propia experiencia personal se obtienen diversas conclusiones puntuales haciéndose patente la necesidad de introducir modificaciones sustanciales en los planteamientos legales actualmente vigentes en nuestro país.
RAMOS CAMPOS, F. (1981) Personalidad, depresión y muerte. Tesis doctoral. Facultad de Psicología. Universidad Complutense de Madrid.
Se aborda el tema de la ansiedad ante la muerte desde una perspectiva psicométrica. Para ello se ha adaptado una escala americana: la Death Anxiety Scale (DAS) de Templer (1970). La investigación se ha llevado a cabo con tres muestras diferentes alumnos universitarios y Ayudantes Técnicos Sanitarios. Se pone de relieve que la ansiedad ante la muerte tal y como es medida por la das puede considerarse como un tipo de ansiedad especifica que depende del grado de emocionabilidad del sujeto y de sus experiencias con el tópico de la muerte. La adaptación castellana de la das presenta unos índices de fiabilidad y validez que son bastante adecuados para una escala de este tipo. Por ello la escala reúne los requisitos indispensables para ser utilizada con garantías.
RODRIGUEZ RIOBOO, F. (1991) La idea de la muerte en la Sociedad Española actual. Tesis doctoral. Facultad de Filosofía y letras. Universidad Complutense de Madrid.
En la tesis se trata de realizar un análisis, desde una perspectiva histórica y especulativa, de las distintas representaciones intelectuales que la colectividad social se forja del fenómeno de la muerte y de las situaciones y rituales a ella ligados. Dicho análisis se verifica a través de recortes de prensa española actual relativos a la muerte y sobre el léxico castellano, coloquial fundamentalmente, sobre la muerte, con especial atención a refranes con referencia a dicho fenómeno.
RUIZ DE LA CUESTA ALBEROLA, R. (1996) Muerte violenta accidental en la infancia. Tesis doctoral. Facultad de Medicina. Universidad de Alicante.
Se estudiaron los casos de muerte violenta accidental en niños entre uno y catorce años inclusive, recogidos en los juzgados de 1. Instancia e instrucción de Alicante y Elche, que han tenido lugar en el periodo comprendido entre 1990 y 1994. El número total de muertes violentas infantiles de tipo accidental fueron 61. Se estudiaron una serie de parámetros como la edad, el sexo. Mecanismo de muerte violenta, día de la semana, mes, año, estación del año, donde ocurrió el accidente, causa de la muerte según los informes forenses, y lesiones encontradas en dichos informes, con el objeto de extraer una serie de conclusiones.
SALMORAL CHAMIZO, A. (1992) Dibujos y actitudes ante la muerte en la segunda infancia. Facultad de Medicina. Universidad de Córdoba.
Estudio a través del dibujo, de la concepción de la muerte en niños de tercero a sexto curso de enseñanza general básica, procedentes de Córdoba, Priego y Almedinilla. En este trabajo se estudia la influencia que ejerce el factor socioeconómico y cultural en la vivencia de la muertes en estos niños, analizando también el modo en que condiciona la edad, sexo, curso y experiencia que tienen. Este estudio se ha llevado a cabo aplicando al niño una encuesta, al final de la cual se le pide que realice un dibujo que represente para el la muerte y lo explique. El niño muestra tanto en el dibujo como en la explicación imágenes y actitudes en relación a la muerte, cuyo análisis es la base de éste trabajo.
SERRANO TARRAGA, M. D. (1990) La pena de muerte. Consideraciones criminológicas. Tesis Doctoral. Facultad de Derecho. Universidad Nacional de Educación a Distancia.
La tesis esta dividida en dos partes: una primera donde se tratan los siguientes temas.- Estudio histórico de la pena de muerte.- La pena de muerte en España y su reflejo en los sucesivos códigos penales. - argumentos a favor y en contra de la pena capital. - situación actual de la pena de muerte en el mundo: países abolicionistas y antiabolicionistas.- Métodos de ejecución.- Penas de muerte impuestas y ejecutadas en los últimos años. En la segunda parte se hace un estudio criminológico de las sentencias de muerte dictadas en nuestro país y recogidas en la colección de jurisprudencia criminal desde el año 1870, año en que se inicia la publicación de esta colección, hasta el año 1961. Los parámetros criminológicos estudiados fueron: - delito cometido.- Audiencias que dictaron las sentencias.- Lugar de ejecución de los hechos. - autores, numero y sexo de los mismos; d.- Otros partícipes en el delito a título de cómplices o encubridores.- Víctimas, numero y sexo de las mismas. - medios utilizados para cometer el delito.- Circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal, agravantes y atenuantes. Se hizo un estudio de los delitos castigados con la pena capital y del total de penas de muerte impuestas en el periodo estudiado.
SILVA URIBARRI, B. (1996) Un paseo por la muerte en el arte contemporáneo desde los años sesenta. Tesis doctoral. Facultad de Bellas Artes. Universidad del País Vasco.
Introduciendo con las etimologías y posibles acepciones del termino muerte, se inicia un recorrido desde el par vida-muerte hasta las relaciones con el arte, las representaciones de la muerte, las alusiones en obras plásticas o acciones, que continuara en cada una de las relaciones de la muerte con la vida: como acceso con la totalidad, la muerte y la trascendencia, y en la sociedad, los diferentes aconteceres de la muerte en la sociedad; en este ultimo punto el discurso se bifurca: esteticismo, estética de la destrucción, estética del desperdicio y arte como utensilio de critica y denuncia. Finalmente, en el propio ámbito del arte, lo efímero como eje de la creación: practicas de la acción, arte mecánico y las intervenciones en el medio natural.
VALDES DIAZ, M. (1995) Estudio de las actitudes ante la muerte en cónyuges de pacientes hospitalizados en unidades de cuidados intensivos generales. Tesis doctoral. Facultad de Psicología. Universidad de Sevilla.
El objetivo fundamental de este trabajo se centra en estudiar las actitudes ante la muerte en los cónyuges de pacientes hospitalizados en unidades de cuidados intensivos generales (ucigs). Para ello, empleamos dos grupos: grupo empírico (ge) (72 cónyuges de pacientes hospitalizados en ucigs) y grupo control (gc) (144 personas cuyos cónyuges no están hospitalizados). Se les aplico la siguiente batería de instrumentos psicológicos: un cuestionario de pareja, la escala de ansiedad ante la muerte (das), la escala de temor a la muerte (fds) y la escala de preocupación ante la muerte (dc). Una vez analizados los datos concluimos que los cónyuges del ge con respecto al gc 1) presentan menor grado de temor a la muerte ajena y mas temor al proceso de morir propio. 2) presenta menor nivel de preocupación ante la muerte en su componente, evaluación negativa de la muerte. 3) las parejas en las que uno de los cónyuges esta hospitalizado presentan un nivel de compatibilidad adecuado. 4) la edad y el sexo no provocan cambios básicos en el temor, la preocupación y la ansiedad ante la muerte.
VICASTILLO MONTAÑEZ, J. S. (1977) Tertuliano y la muerte del hombre. Tesis doctoral. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Complutense de Madrid. Dividida en seis capítulos: 1. mortalidad de la carne, 2. Definición, 3. Causas, 4. géneros de muerte, 5. desenlace del cuerpo muerto, 6. poder de la muerte. El hombre se caracteriza por las nativitas y mortalitas. Saca unas conclusiones: a. cesa la vida y vive un vacío, b. el alma sobrevive a la muerte, c. el cuerpo es mero cuerpo d. sin el cuerpo no hay hombre. Se da el paso de la vida a la muerte pero no al contrario la muerte es irreversible.
DIRECCIONES DE INTERÉS EN LA RED
Association of Death Education and Counselling. ADEC
Asociación multidisciplinar dedicada a promover una adecuada educación en la muerte, duelo y counseling, y cuidado a pacientes moribundos. Basado en teoría e investigación de calidad, ADEC provee información, soporte y recursos a miembros y público.
Un espacio académico primariamente para profesionales que trabajan en el campo de la formación entorno a muerte, el morir y el counseling.
Organiza jornadas académicas sobre el duelo y publica Death Studies, revista disponible en el Reino Unido a través de la Editorial Taylor & Francis. Ofrece a sus miembros información las publicaciones: Omega-Journal of Death and Dying and Death Studies.
638 Prospect Avenue. Hartford, CT 06105-4250; (860) 586-7503, Fax (860) 586-7550.
American Journal of Nursing.
Lugar de encuentro en lo que respecta a una sección de educación continuada.
Death Studies.
Informa sobre educación, counseling, cuidados, leyes, ética.
Publica 6 números al año y pasó en 1998 a 8 números al año.
Taylor y Francis Inc. 1900 Frost Rd. Ste. 101. Bristol. PA 19007.1598
Teléf.: 215 785 5800; 800 821 8312. Fax: 215 785 5515.
Editor: Robert Neimeyer.
E-mail: info@taudf.co.uk.
Additional Resources @ Death & Dying.
Incluye artículos y webs sobre la muerte.
CITAS Y SENTENCIAS PARA MEDITAR
Estar libre de miedo a la muerte no significa que en algunos momentos uno no crea estremecerse ante ella y no saber afrontar la prueba. Quien no conozca por experiencia propia el poder de la meditación seria y prolongada, no puede imaginarse que historias sobre nosotros mismos nos permite lograr. Quien domina la vida y la muerte está libre de todo temor, a tal punto, que ya no es capaz de experimentar la sensación de miedo.
Eugen Herrigel. Maestro de Kyudo
EL LIBRO DEL MES
Esta sección nos acerca puntualmente libros de interés en el campo de la Tanatología.
VICO, J. (1995) Dolor y muerte humana digna. Bioética teológica. San Pablo. Madrid.
El autor reabre un debate desde la ética teológica, mediante una reflexión de la dimensión social del problema, con posturas de dentro y fuera de la comunidad eclesial. En el presente trabajo se abordan los temas dolor y muerte humana digna. La primera parte consta de tres capítulos: 1. Experiencia y sentido del dolor, abordado desde una perspectiva antropológica y teológica, 2. Se trata de sentar las bases teológicas de la asistencia sanitaria, dando preferencia a una vertiente de teología pastoral y espiritual. El lenguaje de estos dos capítulos es ligero y poco académico, 3. La huida del dolor a través de la farmacodependencia: drogas y abuso de medicamentos. Este capítulo es más extenso y con un lenguaje más técnico y en el se aborda el tema desde su dimensión ética (De la página 15 a la 147).
Esta segunda parte está dividida en cinco capítulos: 1. El ocultamiento de la muerte en la sociedad moderna, es más de tipo introductorio (págs. 151-163). 2. Los trasplantes de órganos, entre la vida y la muerte, cuya importancia reside en la clarificación del momento de la muerte (pág. 164-186), 3. Distinción entre suicidio y muerte voluntaria, ya que si todo suicidio es una muerte voluntaria, no toda muerte voluntaria es un suicidio (págs. 187-218); 4 y 5. Abordan estas dos formas de muerte voluntaria que se dan cuando o bien se omiten los medios que prolongarían la vida del paciente terminal para proteger su derecho a una muerte digna; o bien se actúa de forma tal que sobrevenga la muerte para que esta ocurra previsiblemente en condiciones humanas. El derecho a morir humanamente y la ortotanasia y la eutanasia activa ¿es siempre una muerte indigna? (págs. 219-309). Enfoque claro al plantear referencias a autores que expresan con sus propias palabras, desde posiciones con planteamientos desde dentro y fuera de la comunidad eclesial.
Buenas y claras referencias bibliográficas a pie de página.